Venus se hizo carne


01 septiembre 2014  - 
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Venus, escort de lujo en Barcelona
Tenía por costumbre ir a mismo burdel en Barcelona porque siempre le había parecido el mejor de todos los que había probado. Había muchísimas prostitutas en Barcelona, aquella ciudad tan viva y llena de cosas que disfrutar. Fernando había empezado a visitar su primer bar de putas en Barcelona cuando tenía diecisiete años. Nunca olvidaría el día de su cumpleaños, aquel en el que sus amigos le regalaron una cita con una de las miles de putas en Barcelona que había.

Fernando no era turista, ni era hombre de viajes, ni un estudiante ansioso, nada de eso, era un varón de lo más normal que disfrutaba enormemente de la compañía de las putas. Trabajaba y la mayoría de su dinero iba a parar a su ocio más deseado. Muchos amigos le decían que era demasiado lo suyo por los burdeles en Barcelona, pues se los había recorrido todos. ¡Cuánto dinero y cuánto placer! Realmente había sido un cambio justo; y no es que Fernando fuera poco atractivo o simpático, no, ¡qué va! Simplemente le encantaban las prostitutas en Barcelona. Había viajado por otras ciudades y había probado otros burdeles, pero los de la capital catalana le parecían los mejores y, entre todos ellos, su favorito, La Vie en Rose.

Era éste un local selecto en el que se dejaba mucho dinero en una sola noche pero le parecía la mejor manera de gastarlo; después de todo, era lo que los hombres querían, compañía femenina, seducción y tras una agradable conversación ir a la cama a conocer las intimidades de esa mujer. Era verdad que ellas vendían sus secretos y ellos los compraban, pero también había una conexión especial en muchos casos; Fernando lo notaba en los besos y en las caricias que se escapaban a algunas prostitutas en Barcelona. En otros ciudades no había encontrado esa conexión tan placentera. Fernando lo decía alto y claro: No era solo sexo por dinero.

Recién cobradas sus comisiones del mes, navegaba un rato por la web observando a las “
escort girl Barcelone”, según las llamaba un hombre con el que había hecho amistad en el bar de La Vie en Rose. Hojeó a las chicas, era muy difícil decidirse, todas con cuerpos esculturales y mirada terriblemente seductora. A Fernando los ojos grandes y profundos, negros, castaños, miel, la belleza morena, lo volvía loco. Y esos labios carnosos, rosados, y los otros labios suaves y húmedos; se imaginaba lamiéndolos, besándolos, jugando con ellos, acariciando esas largas piernas perfectamente torneadas, después entrando en aquellas chicas, compartiendo la intimidad más secreta, viéndolas disfrutar con él. Claro, él no podía entender que los hombres eligieran otra forma de invertir sus ganancias más que en su propio placer.

Siempre notaba una fuerte erección cuando surfeaba la web de La vie en rose e intentaba decidirse por una prostituta de aquellas; tenía que desahogarse antes de llegar a su cita, si no, no duraría ni un minuto. Entre todas aquellas que se anunciaban como magníficas putas en Barcelona, una le llamó la atención, se llamaba Venus, inmediatamente, Fernando observó que su apodo respondía a su físico. Nacida en la Guayana francesa, era una morenita de grandes pechos y hermosas caderas, muslos prietos y finos rasgos faciales. Sus labios eran como a él le gustaban, rosados, seductores, no puedo evitar imaginarse dentro de esa boca tentadora. Venus tenía veintiún años, su mirada era dulce y salvaje, el blanco de sus ojos resaltaba gracias a sus iris color miel. Podría ser una nueva puta en Barcelona o podría provenir de otro burdel en Barcelona, Fernando no lo sabía pero había decidido que se regalaría una cita inolvidable con aquella diosa de la pasión: Venus.

Llamó enseguida para que nadie le robara su momento con ella, deseaba adentrarse en la Guayana francesa, aspirar sus perfumes, sumergirse en sus ríos, conversar y conocer a esa muchacha hermosa y sensual; quizá después podría surgir una amistad, quién sabe.

La Vie en Rose, buenas tardes.
Buenas tardes, soy Fernando.
¡Hola, cariño! ¿Cómo estás? ¿Vas a venir a vernos?
Sí, esta noche.
¿Has visto a la nueva, cielo? Se llama Venus.
Ya lo creo que la he visto, llamaba para tener una cita con ella, si puede ser.
Está trabajando mucho pero esta noche vendrá por aquí, creo que podrás conocerla e intimar sobre las diez.
Perfecto. Estoy deseando verla.
Es mucho más guapa en realidad, cariño. Lo vas a pasar genial, además es muy simpática.
Estupendo, gracias.
Un beso, cielo.

Ya había concertado su cita con Venus, ahora solo tocaba darse una buena ducha, arreglarse para gustarle, elegir un buen traje desenfadado pero elegante, el azul sería perfecto, con camisa blanca y sin corbata. Ahora que había tomado el sol en la playa se sentía más atractivo vestido de colores claros. A sus treinta y ocho años, era un hombre que tenía buen potencial en todos los sentidos.

Llegó antes de las diez a La vie en rose, su burdel en Barcelona favorito, los demás eran simples 
bares de putas en Barcelona, pero éste, era un sitio de disfrute de verdad. Venus estaba rodeada de hombres en ese momento, reía mostrando sus dientes perlados, su risa era como el canto de las sirenas y su cuerpo despertaba pura pasión. Fernando se quedó en la barra mirándola con ojos encendidos. Venus, supo que era su cita especial, y se contoneó hasta llegar a él. Pronto empezaron a conversar y Fernando, como un chico tímido, se sintió invadido por su perfume y su feminidad. ¡Era una prostituta en Barcelona única!

Cuando se metió en ella, por su boca, entre sus piernas, cuando se derramó sobre Venus, cuando la vio llegar al orgasmo, al besarla, al jugar con su lengua y acariciar su cuerpo de diosa, se sintió el hombre más completo del mundo, el varón más satisfecho sobre la tierra y decidió que su próxima cita, con Venus, por supuesto, sería de todo un fin de semana y que después, podría morir tranquilo. Después de todo, solo se vive una vez.

01 septiembre 2014  - 
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