TODOS SOMOS FETICHISTAS REDOMADOS


06 diciembre 2016  - 
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TODOS SOMOS FETICHISTAS REDOMADOS

Si hablamos de fantasías, nos sentimos incluidos. Si hablamos de fetiches, ya no nos queremos incluir tan rápido. En realidad, fantasía y fetiche es lo mismo. La definición de fetiche es la necesidad de un objeto, parte del cuerpo o material para conseguir la excitación sexual.

Los fetiches de hoy en día pueden quedar enmascarados tras prácticas morbosas o preferencias sexuales. Muchos de los fetiches de los que hoy vamos a hablar en nuestro querido blog, son prácticas sexuales muy populares entre los hombres. Éstos nunca hubiesen pensado en sí mismos como fetichistas redomados y, sin embargo, lo son.

Un poco de pimienta está bien pero ¿qué pasa cuando el fetiche se hace absolutamente necesario para disfrutar de la relación sexual? En muchos casos, los fetiches añaden una fuerte dosis de picardía a la relación sexual y no son absolutamente necesarios para llegar al orgasmo; es solo que añaden un punto de originalidad. Por eso, quien más quien menos, gusta de los fetiches y tira de ellos para mejorar sus relaciones sexuales. Eso sí, el auténtico fetichista, necesita llevar a cabo su ritual de fantasía si quiere ser capaz de excitarse y llegar a correrse.

Conversando con los clientes y escorts de La vie en rose, llegamos a una deducción: casi todas las cosas, partes del cuerpo u objetos son susceptibles de llegar a ser fetiches. Algunos hombres son típicamente fans de los pies, pero hay alguno que nos confiesa que es fan de los ombligos y que si la escort no lo tiene bonito, entonces no puede seguir con la cita.

¿Qué fetiche es el suyo?

¿Es un problema ser un fetichista? En realidad, si practica sexo entre adultos y consentido, y mientras quede dentro de la Ley, uno puede comprarse los disfraces, consoladores o artilugios que quiera. Por lo demás, uno debería tener cuidado con compartir sus fantasías más sucias y perversas con la primera persona que se quiere llevar a la cama. No todo el mundo está dispuesto a experimentar en la alcoba ni a entrar en el juego para satisfacer a nadie. En el mundo de las fantasías, no todo el campo es orégano.

Los fetiches siguen marcados con un estigma, incluso en la actualidad, aunque tengamos una sociedad más permisiva. Aun así, son más habituales de lo que nos creemos. Vamos a ver, de menos a más, los seis fetiches especialmente comunes entre los hombres. Probablemente le suene más de uno.

Pañales, sonajero, ositos y una cuna gigante

Sí. La fantasía de volver a ser un bebé que se hace caca encima y llora para que su mamá le limpie el culo es más practicada de lo que parece. En ella, el adulto disfruta de ser un bebé una vez más. Tomar el biberón, mamar de un apetecible pecho, que le pongan un pijama con dibujos infantiles y expresarse como lo hacen los bebés “gugutata”, son las típicas prácticas de esta fantasía. Los hombres que disfrutan de esto, buscan deshacerse de sus responsabilidades y llamar la atención de la mujer. ¿Ve ahora como las fantasías no se le pueden contar a cualquiera?

Sin cuernos

Los clubes de swingers son muy populares en ciudades, pueblos y lugares de vacaciones. Las parejas buscan salir de la rutina sexual y sin necesidad de ponerse los cuernos, acuden a uno de estos clubes e intercambian parejas. Algunos dicen que sienten reforzada su confianza en la pareja. No hay necesidad de ser infiel. Probar otras carnes ya no es fuente de problemas. Eso sí, se necesita un alto grado de complicidad para proponer y llevar a cabo esta experiencia. El sexo en grupo también es una de las fantasías más soñadas y deseadas por los hombres. Follar y ver cómo follan otros a su alrededor es excitante para muchos. Vamos, la orgía de toda la vida.

¡Por fin la lluvia!

Los ingleses los llaman water sports. Para nosotros sería la lluvia dorada. La urolagnia es la fantasía de que le orinen u orinar a alguien encima para lograr esa excitación sexual y el orgasmo. Ambos tienen que estar de acuerdo cuando se trata de deportes acuáticos. No está bien empezar a mear en la cara de alguien sin avisarlo antes. No siempre se trata de mearle al alguien encima, a veces se trata solo de ver cómo alguien orina. Las cosas no tienen que ser siempre tan extremas.

El travestismo no es solo un espectáculo de hombres vestidos de mujeres. Ni tampoco como todos piensan, solo cosa de mariquitas. Algunas escorts nos cuentan que tienen clientes que se excitan vistiéndose de mujer, maquillando su cara y usando ropas típicas, como una bata para estar en casa o unas sabrinas.

La pasión por los pies femeninos es un fetiche más que extendido. El 90% de los que adoran los pies son hombres. Cuidados, hidratados, con las uñas rojas. Son matices que harán que el fetichista de los pies no se resista a los encantos de esa mujer. Chuparlos, acariciarlos, besarlos. Es para muchos todo lo que necesitan en una velada perfecta.

Palos con gusto

Palos en el culo, tal y como se hace cuando se castiga a un niño o niña que acaba de hacer una travesura. La zona donde se dan los palos se supone erógena. Para algunos, el placer no es recibirlos sino darlos. Una hermosa escort sobre sus rodillas con el culo en pompa y toda la noche por delante para darle palos. De nuevo, la fantasía se remite a nuestra infancia. Curioso ¿verdad?

El mirón

Quien disfruta de observar a alguien en su intimidad pide a la escort que haga de una tía buena que va a ducharse, que anda por su casa desnuda, que se comporta como si nadie la mirara.

El sado y la sumisión

Dominatrix y esclavo viven su fantasía en la más absoluta complicidad. En muchos casos ni siquiera incluye el contacto sexual. Como algunos de ellos definen, es un contacto mucho más profundo. ¿Le llama la atención? Quizá lleve un amo debajo de su traje de ejecutivo.

06 diciembre 2016  - 
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