¿Por qué mantenemos Relaciones Sexuales? Placer o Procreación


13 septiembre 2013  - 
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¿Por qué mantenemos Relaciones Sexuales? Placer o Procreación
¿Por qué duerme usted por la noche? Parece una pregunta muy simple pero, de hecho, aún o ha sido respondida por la ciencia. Muchas preguntas aparentemente fáciles de responder, dejan de serlo si las analizamos de cerca. De todas ellas, quizá la más interesante sea por qué mantenemos relaciones sexuales.

¿Por qué necesita hacer sexo? La respuesta más conocida es, por supuesto, basada en la función reproductiva. Mantener relaciones sexuales sirve para perpetuar la especie. Los niños vienen de dos personas haciendo sexo, y el cuento de la cigüeña es simplemente eso, un cuento.

Pero los hechos minan las bases de ese razonamiento. Primero porque las parejas que ya han tenido hijos no dejan de practicar sexo; puede que sus actividades sexuales mejoren ya que no se preocupan por el embarazo. Por eso, los psicólogos piensan que la mayor parte del sexo practicado en el mundo no es buscando la reproducción. Al contrario, para muchos es un problema que el resultado de una noche de pasión sea tener un hijo. El interés en hacer sexo, la necesidad, las ganas, no siempre está relacionado con ser padres; la mayoría de las veces, no guarda ninguna relación un deseo con otro.

Y podemos ir más lejos en esta suposición. Muchas prácticas sexuales no están relacionadas con la procreación, si no, ¿cómo explicamos hacer sexo oral o anal? ¿Cómo explicamos tomar de la mano a nuestra pareja? Los niños no provienen de eso ¿Qué hay de procreación en acariciar el cabello de alguien? ¿Por qué el placer genital y la función reproductiva se extiende a otras áreas del cuerpo como los hombros (muy sexis en el siglo XIX), el cuello (en la cultura japonesa es muy sexual) o los pechos (actual obsesión contemporánea de Estados Unidos)? Si un hombre tiene la necesidad de juntarse con una mujer para tener descendencia, ¿por qué prefiere el estereotipo de fémina sexi al maternal, repetidamente?

Si olvidamos todas estas cuestiones, podemos decir que hacemos sexo simplemente porque nos da placer y nada más, sin embargo, esta teoría se desmonta dado que practicar sexo no tiene como resultado el placer físico en la mayoría de los casos.

Las investigaciones muestran que el placer físico y la estimulación genital no son las razones para practicar sexo. El estudio realizado por los psicólogos estadounidenses Cindy Meston y David Buss hace unos años en cuatrocientos alumnos proporcionó una amplísima lista de motivos. Después de eliminar las respuestas parecidas, los investigadores depuraron una lista de 237 razones para practicar sexo entre las que se encuentran: quería darle placer; me dio pena el chico; lo hice para castigarme; perdí una apuesta.

La verdad es que mucha gente está practicando sexo ahora mismo sin la más mínima gana de tener un hijo ni encontrar placer genital en ello. Si lo que busca es placer sexual, un placentero orgasmo, lo encontrará más fácil, rápido, barato y sin riesgo de embarazos ni enfermedades si lo practica con usted mismo. Entonces, ¿por qué hacerlo con otra persona? Y en caso de que se masturbe, ¿por qué lo hace pensando en otra persona?


El placer sexual depende de factores externos
Parece que la misteriosa experiencia del placer sexual depende de alguna manera en la presencia y la conducta de otros. La expresión más pura de esto la podemos encontrar en la prostitución. Aparentemente, la prostitución es un negocio frío, la búsqueda de placer egoísta normalmente propia de los hombres. El cliente compra placer físico, clara y llanamente, sin embargo el cliente podría masturbarse y conseguir placer sin pagar por ello. ¿Por qué paga, entonces? Y si solo le importa su placer, ¿por qué le gusta que la prostituta jadee, gima y muestre lo mucho que está disfrutando de la experiencia? Todo apunta a que en el acto sexual hay fundamentos sociales y dinámicas interpersonales incluso cuando en apariencia es una simple transacción.

Si vamos más allá, podemos afirmar el sexo no nos hace disfrutar inmediatamente. Si recordamos la primera experiencia sexual probablemente digamos que no fue muy divertida. También podemos analizar el ejemplo de los besos, ¿qué hay de placentero en intercambiar saliva y restos de cena en la boca con alguien? Si nos fijamos en los genitales, podemos decir que la mayoría son muy sensibles al tacto para bien o para mal, por lo que si no los tocan debidamente, o en el momento apropiado y por la persona apropiada, puede resultar muy desagradable, ofensivo y traumático, no es automáticamente placentero. El buen sexo se aprende, es algo que cuesta, y sin esfuerzo, no mejora. Y no se trata solo de su propio placer, sino que éste depende de factores externos.

El placer sexual es una manera de hacer sociedad, un intercambio social.
Randall Collins, un conocido sociólogo estadounidense que lleva muchos años dedicado a esta cuestión, dice que el sexo solo puede entenderse en un contexto social. Los seres humanos son espectacularmente sociales. Solos y aislados no pueden sobrevivir. Para nosotros, el poder y el sentido de la vida es hacer conexiones. El deseo sexual no encuentra su base en el placer físico o en la reproducción sino en conectar con otros. El placer sexual es una manera de hacer sociedad, un intercambio social.

Según Collins, construimos nuestro mundo con una serie de complejas interactuaciones, rituales físicos, mentales y espirituales. Todo lo que hacemos, encuentra su sentido en uno de esos pilares. Pueden ser rituales, comportamientos, muy diferentes entre sí, pero al final son maneras de relacionarnos con otros.


Es la relación la que aporta el placer sexual
En este contexto el sexo es un ritual y tiene sus reglas. Normalmente involucra a dos personas, que son completamente conscientes de la presencia del otro y cuyo objetivo común es “hacer el amor”. La pareja experimenta potentes emociones, como la excitación sexual, y la clara definición de “nosotros” teniendo esta maravillosa experiencia y el resto del mundo que no tiene nada que ver con nosotros en este momento. Es decir, una unión.

En cualquiera de los rituales sociales que practicamos, el resultado de esa interacción es la solidaridad, la lealtad, la solidez mental que aporta el estar íntimamente unido a una persona. Si ésta perdura, aparecerán los símbolos como”” solo nosotros dormimos en esta cama, “solo yo llevo tu anillo y solo tú llevas el mío”, “solo yo te toco aquí y solo tú me tocas aquí”.

Usted y su pareja no aportan placer sexual a la relación, sino que es la relación la que aporta el placer sexual. El placer sexual es derivado de una cooperación sincronizada entre personas. El contacto humano es mucho más placentero que el placer individual.

Finalmente, podemos decir que el sexo es placentero porque nos hace alejarnos de la soledad y nos ayuda a tener una relación llena de sentido con otro ser humano.
13 septiembre 2013  - 
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