Historia de la Sexualidad Humana


25 septiembre 2013  - 
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Historia de la Sexualidad Humana
Los pajaritos, lo hacen, las abejas, lo hacen, los humanos también lo hacen desde el principio de los tiempos.

Pero, ¿cuánto ha cambiado este acto practicado desde hace milenios e incluso desde las últimas décadas? Lo estamos haciendo mejor, según los científicos; la manera en la que nos sinceramos sobre nuestra vida sexual es sin duda lo que más ha evolucionado en los últimos años, desde no decir ni palabra, a grabarlo en un vídeo y publicarlo en Internet.

Los humanos no han cambiado anatómicamente en los últimos cien mil años, lo que nos lleva a asegurar, que las cosas que hacemos hoy en día son las mismas que hacían nuestros antecesores en sus acondicionadas cavernas, y así, hasta hoy en día.

De la misma manera que el cuerpo nos avisa de cuándo ir a dormir, cuándo comer o beber, también tiene un patrón de deseo sexual, aseguran muchos psicólogos aseverando que el sexo siempre ha ofrecido placer.

Ligados al sexo

La sexualidad tiene mucho que ver con nuestro cuadro biológico. Los humanos, como el resto de animales, están fuertemente ligados a buscar mantener relaciones sexuales y a continuar haciéndolo.

Al menos esta es una evidencia de que las personas gustan de practicarlo y que si no lo consiguen no cumplen con uno de los mandatos biológicos.
Es imposible determinar si la gente disfrutaba más del sexo hace cincuenta años o cincuenta mil, añade David Buss, profesor de psicología en la universidad de Texas, y autor de la obra titulada La evolución del deseo: estrategias de emparejamiento humano (Basic Books, 2003).

No hay razón para pensar “que ahora hacemos más que en el pasado, lo que sí podemos asegurar es que somos más sinceros al hablar de ello”, comenta Buss.

Puede que los frenos culturales, los estereotipos, hayan frenado mucho más nuestro comportamiento sexual que la evolución anatómica. Incluso en la actualidad, la gente experimenta una mezcla entre biología y condicionamiento social, porque el deseo surge del cuerpo pero la mente interpreta lo que la sociedad acepta o no, lo que aplaude y lo que detesta, y después tenemos el ingrediente cultural. Es decir, no hacemos lo que queremos, sino lo que deseamos, lo que es aceptado y lo que culturalmente viene determinado.




¿Qué pasaría si nos dejaran solos con nuestro deseo? No queremos decir que la norma social mantiene al individuo separado de su verdadero deseo, de descubrir los tabúes, pero sí dentro de lo aceptado. La idea de imponer una línea que no debe ser cruzada en la
práctica del sexo es muy vieja, tanto como la historia de Adán y Eva.

Los últimos avances

La religión especialmente ha ejercido un poder muy considerable en la mentalidad de las personas en cuanto al deseo carnal. Los hombres y mujeres de los siglos pasados vivían en el temor de ofender a Dios en el momento de mantener relaciones sexuales, con lo cual, sus fantasías e impulsos, sus verdaderos deseos, quedaban inhibidos.

En tiempos pasados, el débil nexo entre sexo y placer se puede comprender al saber de los inconvenientes que existían en esos días. Por ejemplo, en los mil años anteriores a la Revolución Industrial, las enfermedades, la miseria, acompañadas de picores y olores, probablemente le hacían a uno dudar mucho sobre acostarse con una persona o mejor no hacerlo. Después del siglo XIX, muchos de estos impedimentos empiezan a desaparecer, con lo que el placer como motivo para mantener relaciones sexuales se abre paso.

Muchos historiadores y psicólogos, ven el siglo XIX como un punto de inflexión en la sexualidad en el mundo occidental. Con la Revolución Industrial, nacieron los barrios super poblados, que aglutinaban personas de muchos lugares, con diferente cultura, lo cual contribuyó a la apertura mental en cuanto al sexo.

La liberación sexual tuvo uno de sus hitos a partir de 1960 cuando se popularizó la píldora anticonceptiva facilitando a la mujer el acceso al sexo por puro placer, dado que no se tenía que preocupar por un embarazo, tal y como siempre había hecho el hombre.

Después de esa década, empieza la búsqueda de sexo sólo con la intención de obtener placer, solo porque sienta bien, y podemos decir que esa tendencia se mantiene hasta nuestros días, ya en otro milenio.

Variaciones globales

A pesar de la tendencia moderna a la libertad sexual, hay grandísimas diferencias de un lado a otro del mundo. Esta independencia sexual es más un rasgo de occidente que de otra civilización. Las culturas del mundo imponen normas sobre cuándo iniciarse en el sexo, cómo está visto o cuántas parejas se pueden tener. Por ejemplo, los suecos tienen más parejas que los chinos.



Durex hizo un estudio a nivel mundial en 2005 y estos fueron los resultados: sólo un tres por ciento de los estadounidenses dijeron que su vida sexual era “monótona”, comparado con el veintiséis por ciento de los indios; el cincuenta y tres por ciento de los noruegos reconoció practicar menos sexo
de lo que le gustaría, aún así, lo practicaban unas noventa y ocho veces al año, de media); ochenta y uno por ciento de los portugueses decían estar satisfecho con su cuota nacional, ciento ocho veces al año.

Aunque los estudios y encuestan abundan, la gente se reserva la verdad de su vida sexual. La conversación de bar en la que los hombres alardean de lo que hacen o no con sus parejas es, desde siempre, muy poco creíble. ¿Qué pasaría si no tuviésemos ataduras sociales? 



Quizá nos pareceríamos a los bonobos, una especia de mono, que practica sexo la mayoría de su tiempo. Esta rápida y relajada actividad la practican como base de su estructura social. Si no fuese por el peso de la sociedad, probablemente nos comportaríamos como ellos. Después de todo, no hay cosas que los bonobos hagan que no hagan los humanos alguna vez.
25 septiembre 2013  - 
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