EXTREMO VS. AMBIGÜEDAD

Para mucha gente, la vida se compone de extremos. Blanco o negro, dulce o salado, femenino o masculino, desinhibida o mojigata, afeminado o machote. Sin embargo, la vida es mucho más. Que entre ese blanco y negro hay toda una gama de color.

14 febrero 2017  - 
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EXTREMO VS. AMBIGÜEDAD

Para mucha gente, la vida se compone de extremos. Blanco o negro, dulce o salado, femenino o masculino, desinhibida o mojigata, afeminado o machote. Sin embargo, nosotros creemos que la vida es mucho más. Que entre ese blanco y negro hay toda una gama de color.

¿Se decanta usted por su lado más dominante que sumiso o viceversa? Nuestro consejo, es sentirse cada día de una forma y, así, ser capaz de disfrutarlo todo. Hoy, en nuestro querido blog, hablamos de extremos y puntos medios porque nos gusta mojar en todos los platos.

¿Mujer u hombre o un poco de ambos?

Ser cien por cien hombre o mujer, es uno de los extremos en los que nos posiciona nuestra sociedad. Si una es mujer, no puede ser hombre ni comportarse como él. Lo mismo se aplica a los hombres. Y sin embargo, los que más ligan son los hombres que no esconden su lado sensible y las mujeres decididas e independientes.

Y ¿qué hay del sexo? Algunos clientes de La Vie en Rose nos confiesan que la escort perfecta para su gusto, es aquella muy femenina pero que practica sexo como un hombre. “Me gusta que la escort se comporte como una puta, que haga sexo directo, guarro, porno, como nos gusta a los hombres. No quiero andar con tonterías cuando me quedo con ella. Si le he pagado por unos servicios, los quiero a tope, sin cortarnos. Para dar rodeos me voy a una discoteca”.

Las escorts nos cuentan que para ellas “lo mejor es un hombre muy hombre, pero que no esconda su lado erótico, sensual y cariñoso”. Es decir, para unos y para otros, la mezcla de masculino y femenino, ¡es lo mejor!

Andróginos desbordando sensualidad

La palabra andrógino se compone de andro, del griego, hombre; y gino, del griego también, mujer. Es la mezcla de sexos. Una mujer con rasgos masculinos o un hombre con claras pinceladas femeninas.

Marlene Dietrich, la protagonista de Der blaue engel (El ángel azul), película de Josef Von Sternberg de principios del siglo XX, era un buen ejemplo de androginia. Le gustaba vestirse de esmoquin, fumar sosteniendo el cigarro con los dedos pulgar e índice, y liarse con mujeres o con hombres, según se levantara ese día.

Marlene era una rubia explosiva que jugaba con su lado masculino incluso en frente de las cámaras. No hay más que ver su película Morocco para ver cómo intercambia sutilmente el rol femenino con Gary Cooper.

David Bowie, el genio de Brixton, jugó siempre con su ambigüedad sexual. Sin embargo, su matrimonio con la modelo somalí Iman duró muchos años, pero encima de los escenarios, Bowie explotaba su doble emoción.

No hay más que teclear su nombre en Internet y ver el legado de su imagen. David Bowie tan pronto posaba como un rockabilly, un extraterrestre o el ser más ambiguo de la tierra. A veces con las cejas afeitadas y las prendas más ajustadas; otras con un elegante traje de caballero. Y bajo todas esas caras, siempre subyace su genialidad.

Vainilla sex o las fantasías más sucias y perversas

El sexo vainilla es aquél que se hace y después se piensa ni fu ni fa. Predecible, aburrido, con un orgasmo del tamaño de un ratón. A la gente le da por acordarse de poner una lavadora, mandar un email sobre un asunto de oficina e incluso contestar un whatsapp mientras tanto.

De ahí, a las fantasías más sucias y perversas va un buen trecho. El morboso integral, necesita de rarezas constantemente para poder disfrutar del sexo. Por ejemplo, tiene un arranque de pasión pero necesita, un día, arrancar la ropa; otro,dar un tortazo; otro, meterse un pepino por el culo; si está muy estresado, quizá practicar la urolagnia y disfrutar del pis en la boca.

Si usted está situado en un punto entre ambos, ¡bienvenido al club de la mayoría! Salpicar la vida sexual de sorpresas y erotismo, nuevas experiencias y exploraciones del placer, es la forma más adecuada de mantenerla viva, activa y dinámica.

Dominatrix o sumiso

En el caso del BDSM, los roles de la dominatrix o ama y los del sumiso están bien delimitados. En esta fantasía, precisamente lo importante es no saltarse las normas. Cuando una es dominatrix, no puede dejarse llevar por su criado, ni darle el gusto, ni perder terreno en su favor. El ama es un rol sólido, duro. La dominatrix busca su propio placer al dominar y humillar al otro. No se puede intercambiar este rol durante la sesión de sadomasoquismo ni tampoco cuando acaba.

Para el criado o sumiso funciona de la misma manera. Su morbo, su placer, provienen de ser humillado y maltratado por su ama. Solo la obedecerá a ella, solo se humillará ante ella. No puede cambiar de rol o toda la fantasía se viene abajo.

En muchos casos, el SM comienza poco a poco y se convierte en una relación de años, en la que la confianza entre ambos es total. Una vez que el sumiso está atado de pies y manos, con la boca y ojos tapados y una pelota en la boca que le impide hablar, está totalmente a merced del ama. Ésta posee cuchillas, pinzas, descargas eléctricas, látigos, pinchos, cuerdas y todo tipo de material para cumplir la fantasía.

Es fácil entender que, en esta situación, si la confianza y experiencia no son sólidas, la cosa puede acabar mal.

Para los sadomasoquistas, eso del punto medio y el intercambio de roles no cuenta mucho. Al que le gusta dominar, no le va que lo aten y fustiguen. Al igual que al sumiso no le gusta ponerse duro y obligar a lamerle las botas ni dar órdenes inmediatas por teléfono.

En fin, los extremos no son aconsejables. Ya lo sabe todo el mundo y además lo ha dicho en varias ocasiones el Dalai Lama. Puede parecer que los extremos nos otorgan una sensación de control y de cierto placer exagerado, pero lo que mola es el punto medio. Ahí, es donde está la virtud.

14 febrero 2017  - 
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