Explotación sexual: El Cáncer de la Trata de Mujeres


05 agosto 2013  - 
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Explotación sexual: El Cáncer de la Trata de Mujeres
La extorsión, el secuestro, agresiones sexuales, coacciones, amenazas, blanqueo de capitales y falsificación. Si usted paga por chicas de carretera probablemente esté colaborando con la trata de mujeres

La diferencia entre pagar por los servicios sexuales de una mujer que recogemos en la carretera, en un polígono industrial o que elegimos en un piso clandestino y citarnos con ella en establecimientos legalmente autorizados, es que en los tres primeros casos hay grandes probabilidades de que después del servicio, el cliente haya colaborado implícitamente con la mafia, dado que la
trata de mujeres es un delito que siempre convive con otros ilícitos penales como la extorsión, el secuestro, agresiones sexuales, coacciones, amenazas, blanqueo de capitales y falsificación.

Las cifras publicadas por la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía Nacional, hablan por sí solas: 37.000 mujeres extranjeras, sobre todo del Este y de Latinoamérica, son obligadas a prostituirse en carreteras, polígonos industriales y pisos clandestinos de España. De ellas, sólo 12.000 fueron detectadas el año pasado.




Es un negocio que va en aumento. Muchas veces no necesitan ser grandes organizaciones las que obligan a prostituirse a las mujeres, si no grupos familiares que traen a chicas, por ejemplo de Rumanía, con la promesa de un trabajo, para luego amenazarlas, explotarlas sexualmente hasta que les devuelvan los gastos del viaje, para que no se les olvide, se lo
tatúan en la nuca junto con un código de barras.

Si usted elige este tipo de prostitución, puede que no quiera preguntarse si realmente esa chica en su coche quiere hacer sexo a cambio de dinero o, más bien, está siendo agredida sexualmente, incluso violada, bajo las amenazas de sus proxenetas, pero conviene hacer la reflexión.
Rumana, paraguaya, nigeriana o china, son las nacionalidades más explotadas. La violencia, la intimidación y la amenaza forman parte de la vida de estas mujeres. En el caso de las sudamericanas, la mafias les quitan los documentos de propiedad de lo que tienen en su país e incluso puede que avalen el viaje con los pisos de sus padres; las nigerianas pueden pasar más de una década devolviendo la deuda contraída con la mafia y ser mordidas y quemadas con una plancha; las rumanas pueden quedar atadas a un radiador y ver su cabeza y cejas afeitadas si muestran rebeldía;

Hay esperanza después de la explotación sexual

Asociaciones como Proyecto Esperanza, Cruz Blanca, Red Acoge, Médicos del Mundo prestan ayuda psicológica, económica y sanitaria a las mujeres que son rescatadas de la mafia que las prostituye. En la mayoría de los casos no se atreven a denunciar porque han amenazado a sus familias, les han robado los documentos y las han dejado en la más absoluta desprotección. Tampoco ellas pueden imaginar que pueden pedir ayuda porque están aisladas del mundo, en pisos sin ventanas y viven en el miedo continuo. Incluso una vez fuera de la red, lo siguen teniendo a hablar con la Policía y dar detalles para que sus secuestradores puedan ser identificados. Por eso, la colaboración del cliente es vital para poder liberar a estas mujeres.
Los casos son cada vez de mayor envergadura, por eso por primera vez en su historia, la Audiencia Nacional (que se dedica a los grandes casos del crimen organizado) va a procesar a los dueños de clubes de alterne donde se obligaba a prostituirse, sin preservativo, a mujeres rusas.
Teléfono y correo de denuncia: 900.10.50.90 y trata@policia.es

Si se pudiese elegir, mejor ser chapero que puta. 



¿De dónde viene esta afirmación? De un paseo que me dí en coche por la costa mediterránea española. Me surgieron muchas preguntas cuando observé por primera vez la proliferación de mujeres del este de Europa en los márgenes de las carreteras secundarias que recorren la costa. La más lógica: ¿Cómo pueden aguantar esta vida, que no es vida, es tortura? La menos esperada: ¿Para esto querían el Acuerdo Schengen?

Estas mujeres, carnaza para los hombres heterosexuales, resisten bajo el sol de verano levantino, a más de cuarenta grados, abandonadas en el badén de la carretera; a veces descansan en una silla de plástico robada de alguna terraza, sucia y a la que le falta una pata.

El implacable calor quema impíamente sus castigadas pieles; no hay chulo que le dé protección de ningún tipo contra el cáncer de piel, ni preservativos contra el sida o la sífilis, ni botella de agua contra la sed.

Semidesnudas, sobre tacones torcidos manufacturados en China, sin sombra que les dé un momento de reposo, sobreviven día a día pensando que volverán a Brasil, Nigeria, Rumanía o Rusia y que no le dirán a nadie que en España fueron obligadas a ser putas de carretera.




Empiezan su jornada a las nueve de la mañana y la acaban al anochecer. Alguna más afortunada tiene una sombrilla rescatada de un contenedor pestilente.

No hay chapero en esta situación. No hay chicos guapos esperando a ningún conductor. Los prostitutos no están olvidados en las carreteras secundarias bajo un sol abrasador y a la vista de todo el que pasa, lo que hace la tarea más humillante todavía. Los chaperos no son la carnaza vejada que son las putas; ellos tienen mejor estatus. Sus chulos y clientes los tratan con respeto, incluso pueden dedicarse al negocio sin necesitar la protección de uno.

No vemos prostitutos de lejanas tierras, drogados, deambulando por las huertas mediterráneas en busca de devoradores de carnaza; No vemos putos ejerciendo a la vista de todos. No los vemos porque los que manejan su mercado tienen más consideración con ellos; también los venden, pues de esto se trata, pero su venta no implica los factores denigrantes que implica la venta de sexo con mujeres.

La putas son la carnaza de hombres heterosexuales, y, a vista está, que las tratan bastante mal, como putas, ¡vaya! Los chaperos, son la carnaza de los hombres homosexuales, y no me cabe duda de que gozan de mejores circunstancias. Por eso, si se pudiera elegir, mejor ser chapero que puta.

Teléfono y correo de denuncia: 900.10.50.90 y
trata@policia.es
05 agosto 2013  - 
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