El Sexo en el Mundo Romano


27 marzo 2014  - 
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El sexo en el mundo romano
La existencia de esclavos en la casa, como era de esperar, implicaba que, en particular los hombres y también las mujeres ( a pesar del riesgo de embarazo y la consecuente desgracia), tenían acceso a las relaciones sexuales cada vez que así se lo pedían su entre piernas.

Quizá en nuestros días con la influencia del cristianismo, nos sea muy difícil entender la sexualidad romana en sus tiempos paganos, muy distante de cómo hoy entendemos en sexo en la sociedad occidental.

Podemos decir que el tradicional sexo en el mundo romano no implicaba ningún tipo de vínculo entre las personas, de modo que no se creaba ninguna obligación entre ambas. Al parecer, el hombre no tenía ninguna razón por la que no debiera compartir muchas parejas.

Lo peculiar es que los romanos gozaban de compartir largas comidas y cenas en las que sí se estrechaban lazos sociales y de amistad, sin embargo el compartir lecho no era ni mucho menos un nexo entre los participantes. El matrimonio era un contrato entre un hombre y una mujer pero no significaba que tuviera que haber sentimientos.


Si los romanos vieron el matrimonio como una institución que era consecuencia de la civilización, el sexo se mantuvo como algo absolutamente fuera de esa civilización, de hecho, fue completamente opuesto a ésta. Los romanos daban rienda suelta a sus instintos, al animal que los hombres y mujeres llevaban dentro. La vergüenza en los actos sexuales no existía en absoluto pero no estaba bien visto airear la vida sexual por lo que no se hablaba de ella pero a la hora de llevarla a cabo, no había límites.

Y, ¿qué tenía que decir la ley romana sobre la vida sexual de su pueblo? Pues que el sexo con los esclavos estaba bien hecho y aceptado, que no se catalogaba como adúltero, o, por lo menos, no para los hombres. El sexo con un hombre o una mujer nacidos en libertad era sólo adulterio si no lo hacían por dinero. Por lo tanto , el 
sexo con una prostituta no constituía adulterio.

Sin embargo, cometer adulterio con un nacido libre era un crimen , stuprum . Y para ello sólo había un castigo : la muerte . Así que, mientras uno se mantuviera alejado de cometer stuprum , lo demás estaba permitido. No había límites en cuanto a la edad en ninguno de los sexos.

Sin embargo, si Roma era una sociedad tolerante en su ley, el practicar sexo en exceso no estaba bien visto, pero había tanto y estaban tan hechos a practicarlo que se llegó a considerar un fallo en el carácter de un romano, provocando una mal reputación que ha llegado hasta nuestros días.

Los romanos basaron su cultura en la griega, donde el sexo, lejos de ser un tema tabú era visto como una forma de arte agradable, cosa que a los ojos de los romanos era decadente y perversa , incluso una barbaridad.

Los afeminados eran mujeriegos

Y es que el sexo, como en todos los tiempos, o casi todos, ofrecía muchas dificultades sociales a un ciudadano. La peor debilidad que podía ser descubierta en un hombre era el "afeminamiento". De hecho, era tal vez el insulto más grave que se podía gritar a un romano. Un hombre afeminado se había vuelto débil como una niña a los ojos de sus compatriotas y se convertía socialmente tanto en homosexual como en mujeriego.

Por paradójico que sea, era la manera romana de pensar. Pocos estaban a salvo de ser considerados afeminados . Incluso Pompeyo, el gran general que había dirigido las fuerzas en el este y conquistado enormes extensiones del territorio de Roma, se consideró un libertino afeminado por su excesivo amor por Julia, su propia esposa.


El sexo con los esclavos: Una bacanal

Si los esclavos estaban obligados no sólo por la propiedad, sino por la fidelidad a un hogar en particular, el rechazo a las intenciones de uno de los señores de la casa estaba considerado desobediencia, sinónimo de traición. El amo o el ama podía mantener relaciones sexuales con sus esclavos y esclavas y éstos no podían negarse.

Pero cierto es que el auto control y la moderación, la disciplina interior, eran una virtudes muy valoradas por todos los romanos. Una prueba de fuego era no aprovecharse de la posibilidad de gozar de sus esclavos siempre que quisieran, por medio de ella, se demostrarían humanidad y fuerza interior al ser capaces de dominar sus bajos instintos.

El hecho de que vivieran amos y esclavos en la misma casa llevaba a grandes confusiones puesto que nacerían hijos de los señores y los esclavos siendo hermanos de los señoritos de la casa. Esto podía ser una forma poco común de entender la familia y llevar a mucho malentendidos y conflictos dentro de la villa romana.

En un esquema familiar tan retorcido, podría ser que los señores mantuvieran relaciones sexuales con sus medio hijas, primas, sobrinas esclavas. El evidente incesto no era considerado como tal, solo entre los miembros de la “auténtica familia” era incesto propiamente y no entre padres e hijas semi esclavas.

Si el dueño de la casa se acostaba con la hija de un esclava que había sido una antigua amante no se consideraba incesto a pesar de ser muy posible que la niña fuera su propia hija. Si el señor de la casa no se contenía, no podría ordenar a su hijo que lo hiciera y si éste quería mantener relaciones con una esclava de su edad, que podría ser su hermana, la ley no manifestaba nada en contra de ello. Y para mayor confusión, qué pasaba con padre e hijo manteniendo relaciones sexuales con la misma esclava, ¿quién era el futuro padre?

En efecto, el modo de entender la vida sexual del mundo romano hoy en día no tendría cabida sobre todo por la parte que a los esclavos les tocaba y a la mezcla de padres, madres, hermanos y hermanas en los lechos, sin saber quién era quién, solo distinguiendo amos y esclavos y, a veces, ni siquiera eso.
27 marzo 2014  - 
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